Historia del Palacio de Correos


Palacio de Correos y Telégrafos “Dr. Ramón J. Cárcano”

 

La larga historia de la construcción del Palacio de Correos y Telégrafos se inicia con Ramón J. Cárcano quien, hacia fines de la década del ochenta, insistía en la necesidad de contar con una sede acorde a la importancia y crecimiento de los servicios que brindaba el organismo y centralizar la administración de sus actividades.

 

Para ello solicitó inicialmente un proyecto al Ingeniero Tamburini, a cargo entonces de la construcción de varios edificios públicos –entre ellos la Casa Rosada-. Este declina el ofrecimiento por encontrarse excedido en su capacidad de trabajo y señalar que era un proyecto muy especializado. Cárcano se pone en contacto entonces con el arquitecto francés Norbert Maillart, quien hacia 1888 estaba de paso en Buenos Aires de regreso a Francia, luego de trabajar en Perú y Chile. Maillart trabajó inicialmente en Francia, en el campo de la arquitectura pública y privada y luego se trasladó a América Latina.

 

En Argentina, donde se estableció por algunos años, a principios de siglo, realizó varios proyectos para el Gobierno Nacional, algunos construidos, como el Palacio de Justicia de Buenos Aires, el Colegio Nacional de Buenos Aires, y otros no edificados como el Palacio de Gobierno que sustituiría a la Casa Rosada. Luego de una misión de estudio de edificios para Correos en distintas ciudades de Estados Unidos y Europa, Maillart envía su primer proyecto. Proponía un edificio imponente, de líneas arquitectónicas similares al actual, pero de menores dimensiones. La fachada principal, sobre la Avenida Leandro Alem, se coronaba con grandes grupos escultóricos.

 

La construcción fue iniciada en 1889 y los trabajos se paralizaron al año siguiente a raíz de la crisis económica e institucional. Solamente en 1908, luego de una reformulación de las necesidades y funcionamiento del edificio, y con una nueva propuesta del arquitecto se reanudó la construcción. El segundo proyecto de Maillart, definió un edificio más grande, con su frente principal sobre Sarmiento, como parte de una reformulación urbanística del área. Preveía rodeárselo con calles elevadas y terraplenes para facilitar el tránsito, y hacerlo accesible desde la calle 25 de Mayo a través de puentes sobre la Avenida Alem, pero recortes presupuestarios cancelaron esta parte de la propuesta, alterando el aspecto y proporciones exteriores, como así también la organización de los niveles inferiores. Los trabajos prosiguieron con distintas interrupciones y numerosos cambios hasta la inauguración en septiembre de 1928. Sobre un terreno de 12.500 m2 y con una superficie total edificada de 88.050 m2, se levanta el edificio del Palacio de Correos y Telecomunicaciones, contando con nueve plantas, distribuidas en un nivel de subsuelo, planta baja y siete pisos altos. La altura total, sin contar las torres y cúpula, es de 50 metros aproximadamente. El acceso al edificio se desarrolla en los pisos bajos, por las calles que lo rodean. Al ingresar por las escalinatas de la calle Sarmiento se accede al edificio, a través del imponente Hall de Buzones, y luego, al salón principal de atención al público.

 

Este recinto se jerarquiza, entre otras razones, por su gran altura, por su mobiliario diseñado en forma especial y por la luz cenital que ingresa por los tres vitrales, ubicados a la altura del piso cuarto. Sobre este frente, se ubican en los distintos niveles, las oficinas jerárquicas y los salones especiales, lujosamente decorados. Con frente hacia las Avenidas Corrientes y Leandro N. Alem y la calle Bouchard se organizan las plantas operativas alrededor del patio central, ubicado en el primer piso. Sus plantas libres otorgan flexibilidad espacial para adecuarlas a distintos usos. El frente opuesto, sobre la Avenida Corrientes, presenta en cambio, su volumen central retraído. En este caso fueron acusados los cuerpos laterales que poseen accesos sobre los que se destaca el agrupamiento de las aberturas. Estos volúmenes laterales fueron coronados con frontón cúpula de forma tronco piramidal. Las columnas neoclásicas del nivel siguiente se jerarquizaron, diferenciándolas de las pilastras del cuerpo central. Esta fachada resulta además interesante debido al tratamiento curvo de sus esquinas. Son escasos los elementos que diferencian el actual edificio del primitivo. Sobre la Avenida Corrientes se abrió una puerta que fue alineada con las ventanas, también sobre la calle Bouchard, donde además se alineó una escalinata, agregando una marquesina que deteriora la armonía de ese nivel. Lo mismo ocurre con el reemplazo de vidrios transparentes por espejados en algunas ventanas. El estilo puede definirse como un ejercicio combinatorio de motivos de la antigüedad clásica y del clasicismo francés, con una definición angulosa y cortante de los perfiles y las siluetas, a la manera del art decó. Estas características formales permitieron al estilo adaptarse a los avances técnicos y estéticos de la arquitectura oficial argentina del primer tercio de siglo, hasta su reemplazo por otra arquitectura adscripta al movimiento moderno. Concebido como principal imagen arquitectónica de uno de los servicios considerados claves en el desarrollo y el progreso del país, su arquitectura, de inspiración francesa, sirvió como modelo estilístico para buena parte de la producción del Ministerio de Obras Públicas de Argentina por varias décadas.


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